Después de un viaje de 2 semanas desde la costa del mar rosa, habíamos llegado a la cima del monte kul kan, y mi padre sonreía como niño viendo por primera vez el mar. La aldea no tenia mas de 1000 habitantes y era la casa de los monjes del silencio.
Se decía que su sabiduría la habían adquirido despues de no hablar durante 8 años de manera ininterrumpida. Al entrar al templo se escuchaba un eco ensordecedor y mi papa me pedía guardar silencio.
Si bien mi padre como la mayoría de personas se encontraba ahí para responderse respuestas que no tienen ningun sentido, como la muerte de un ser querido, el sentido de la vida, la misión de uno al nacer y todas esas cosas absurdas que los adultos piensan.
Yo personalmente preguntaría porque no hay mas sabores de dulces, porque la escuela tiene que durar toda la semana, porqué el dia es tan corto cuando estamos con amigos; si entienden cosas importantes realmente.
Ya habia pasado dos días desde que mi padre había entrado a encontrar sus respuestas y salió con una cara de desilusión que no había visto nunca. Le pregunte que habia pasado pe ro no me contesto nada y se dedico a dormir.
Con la duda que me quemaba, acudí aquel templo, y me acerque al monje mas distante y viejo de todos, era el único que sonreía de todos.
Entre sus dedos se encontraba una piedra pequeña de color purpura. Le pregunte porque sonreía pero no me contesto nada, pensé que había formulado mal la pregunta y volví a preguntar cual es la causa de su felicidad, a lo cual me contesto, es esta piedra que vez aquí la que me mantiene con mi alegria.
Es magica pregunte yo? Claro que no me dijo el monje, le pregunte si era una piedra preciosa o algo por el estilo que hiciera valer a la misteriosa piedra entre sus manos. La piedra en realidad no es preciosa, ni tiene poderes ni me da suerte, por el contrario esta pequeña piedra me hizo realizar el viaje mas largo y tortuoso de mi vida pequeño.
Asombrado le pregunte porque entonces le trae tanta alegria esa piedra. Pequeño, todos los días a este templo llegan miles de visitantes en busca de la felicidad que ven en cosas materiales, cada monje que ves sentado en los postes como yo han descubierto cada quién a su modo y forma que la felicidad se encuentra en cada cosa que hacemos.
Tenía la edad de 29 años cuando comenze mi viaje en busca de la sabiduria, todos me decían que esta se encontraba en lo profundo del mar, otros en la cueva mas obscura del planeta, otros en la parte mas fria del mundo y comenze mi busqueda, ya tenía años buscando cuando una perdía toda esperanza en lo alto de una montaña un resplandor de mil colores ilumino el cielo, y fue una señal, dure 1 mes en subir aquélla montaña y conforme me acercaba mas a la cima recordaba cada paso en mi busqueda, desde el frio infernal del ártico, hasta la desesperación del medio del oceano, cuando llegué encontre esta pequeña roca y mi frustración salio en forma de llanto, me preguntaba porque no había encontrado la sabiduría, mientras lloraba fui callendo poco a poco que la sabiduría era un viaje de cosas buenas y malas, momentos de felicidad y tristeza, la piedra no tenía ningun valor fue el viaje lo importante y lo que le dio valor a esta pequeña piedra.
Es tuya de hoy en adelante, esperó que no regreses buscando cosas mundanas en unos años, que vengas a regalar un poco de sabiduría de tu viaje.