El tiempo los llevó a recorrerse y guardar el secreto de sus bajos instintos y momentos románticos a la sombra de la gente. El entendía que el alma de su amada era libre desde siempre y nunca buscaba dominarle ni someterla, era eso lo que más amaba de ella.
Ella se enamoro de la forma en cómo la trataba de cómo la acariciaba después de hacerle el amor.
Pasaron años y el destino los separó, fue el mismo destino quien lo volvió a cruzar pero esta vez ya había alguien con quien compartían su espacio, sus besos y sus caricias. Aún con esto sus labios se llamaban y sus miradas se decían tanto, al simple roce de sus manos volvieron a pecar sabiendo del daño que se hacían y lo que provocaban a su alrededor.
Se rompieron ellos al intentar arder al mismo ritmo del ayer y quedaron hechos cenizas.
El polvo se disperso con el viento del tiempo y se dejaron.....
Ayer hable con ella y la ceniza que era volvió arder como siempre.