lunes, 23 de noviembre de 2015

Manual para no enterder

La primer palabra que uno aprende en su infancia y de la manera más cruel, lo digo así porque viene de tus padres esos que saltaron de alegría y emoción al venir al mundo es el NO, es palabra que aun en la vejez taladra el corazón como ninguna otra; lo digo así porque en mi caso los NO son mas significativos que los Si y deberían de tener el mismo peso.
Después tus padres te enseñan como comer, aprender a dar tus primeros pasos, tus primeras palabras y algo que haces todos los días, que es ir al baño, esa cara de emoción en ellos no la olvidas nunca. te leen tus primeros cuentos y que decir cuando te dan tu primer crayola, seguro que no piensan en que tu lado artístico florecera en las paredes de tu cuarto en la sala ahí donde entran los primeros rayos del sol; magia es magia para un niño, claro que se borra tan rápido como el "no rayes ahí" que emanan de tus queridos padres.
Luego viene la educacion preescolar y el no vayas a llorar en la puerta de la escuela que emana gracias al llanto de tu madre. Las primeras vocales, los primero libros de tu pequeña y tierna vida y el primer contacto con los manuales.
Ya que aprendiste a leer con mucho esfuerzo de tu maestra(o) o en los casos mas intensos de los jalones de oreja de tus padres, llegan a tu vida los manuales; de como se escribe correctamente, de como hacer una suma, de la importancia de la historia, la geografía, de los derechos y obligaciones, de cosas, cosas y mas cosas, unas ni siquiera tienen una función pero están ahí, por la mañana, por la tarde y ya cuando eres joven en las horas mas lejanas del día.
Luego te enfrascas en la vida del trabajo y adivina, manuales para aprender a hacerlo, quien diría que también te empanarían en esa parte de tu vida, por un momento te sentías solo hasta que tu jefe los puso ahí llenos de luz frente a tu escritorio.
Y entendería yo que ya no encestaría un manual mas en mi vida, pero casualmente conocí a alguien que me hace buscar uno todos los días, un buen día me dice algo y otro día algo muy distinto, esta claro decir que no soy psiquiatra para poder entender la problematica a la que me enfrento, me enseñaron a buscar lo que necesito, pero donde encontrar algo así, pierdo la fe porque cada día que busco el manual que me ayude a interpretar una de sus miradas, una de sus palabras o caricias o uno de tus arrebatos de tus momentos de histeria. Tal vez usted ya tiene el manual de uso de un servidor, y se anticipa perfectamente a cada palabra, caricia y arrebato mio, tal vez me conoció en otra vida y se le hace fácil subirme y bajarme, encontró el manual secreto de los antiguos o es vidente y sabe lo que haré y cuando.
Ayer que desperté como cada día, me decidí a ya no buscarlo, estoy dispuesto a escribirlo, a equivocarme y redactar cada parte de mi error, a escribir prosas de mis hazañas contigo y como fue que descubrí algo de ti, a besarte de la forma mas poco ortodoxa para ver como reaccionas, a hacer histogramas de tus ojos y como cambian con la luz, pintare de acuarela tu cuerpo y lo haré trazo por trazo de una de tus curvas, esas en las que me perdí.
Mañana comienzo.... sabes que no lo haré verdad? y no lo haré porque en mi afán de descubrirte y entenderte, me di cuenta un buen día después de comenzar con el prologo del manual que todos los días que nos encontrábamos terminaban y empezaban con una sonrisa en tu boca; como fui tan estúpido de perder todo este tiempo en decifrarte y no saber que yo ya era parte de tu felicidad, no se si el todo o el poco, pero me basto con esa sonrisa para entender que no quiero un manual de ti, quiero tu sonrisa.

No te entiendo pero me hace feliz verte feliz.

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